La primera regla para fomentar la comunicación entre usted y su hijo es simple: Nunca deje de intentarlo. “Los padres no deben malinterpretar la falta de respuesta como una señal de que sus hijos no les están escuchando”
No interrumpa. La misma sugerencia que les damos a nuestros hijos aplica también para nosotros. Respete su derecho a expresar su opinión, aún si no está de acuerdo con ella. Y, si su punto de vista está basado en un mal concepto, escúchelo antes de corregirlo, con tacto, sin ser transigente.
Haga preguntas que estimulen la conversación. ¡Use sus recursos! Cree oportunidades para discutir haciendo preguntas que animen a los jóvenes a describir, explicar, compartir opiniones; mientras más específicas sean estas preguntas y más se basen en lo que usted ya sabe que está en la mente de su hijo, más eficaces serán. “¿Le gustó a tu clase de inglés tu discurso de esta mañana?” funcionará mucho mejor que “¿Cómo estuvo la escuela hoy?
Aproveche las oportunidades para conversar cada vez que pueda. Algunas veces dejamos de hablar (posponemos) con nuestros hijos, esperando el momento perfecto para hacerlo. Con los estilos de vida tan apresurados en la actualidad, esos momentos ideales llegan muy pocas veces. Los viajes en auto son momentos maravillosos para hablar, aunque sea por la simple razón de que ambos que están atentos, en un ambiente libre de muchas distracciones. Otro beneficio es que cuando están en el auto, generalmente se sientan paralelos uno al otro, no cara a cara, lo que hace el ambiente menos propicio para la confrontación.
Asegure a su hijo repetidamente que puede contar con usted para cualquier problema, luego cumpla su promesa de aceptación incondicional. Si transmite sorpresa o disgusto, aún no verbalmente, creara barreras entre ustedes. “Puedo no aprobar todo lo que haces”. dice usted, “pero sin importar lo que pase, siempre te amaré”.
- Preguntas acerca de “un amigo” (a menudo anónimo) con un problema: “Mamá, un chico que conozco en la escuela se robó una camisa de los Chicago Bulls. Si lo hubieran agarrado, ¿estaría en grandes problemas?”
- Preguntas acerca de sus experiencias como adolescente: “Papá, ¿qué edad tenías cuando tuviste relaciones sexuales por primera vez?”
- Una revista abierta en la cama de su hijo, discretamente abierta en un artículo. Por ejemplo, “Los adolescentes se deprimen también” podría ser una forma de pedir ayuda.
Identifique a otros adultos con los que su hijo pueda hablar libremente. Aún si tiene una relación excepcional con su adolescente, podría haber momentos en los que él necesite la perspectiva de otro adulto que lo apoye. ¿Qué sucede si usted es una madre soltera cuyo hijo de doce años tiene preguntas acerca de los cambios en su cuerpo? Podría preferir hablar con su tío, un primo mayor o el papá de su mejor amigo, que hablarle a su madre.










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